Tom y María eran una pareja de jóvenes de unos 28 años que llevaban casados desde hacía muy poco tiempo. Tom era un chico de 180 cm, moreno y bastante musculado pues llevaba años yendo al gimnasio y normalmente solía hacerse el fuerte en muchas situaciones delante de cualquiera. María era una chica bastante guapa, rubia de pelo largo, de 170 cm y era también aficionada al fitness aunque no tanto como Tom. Al principio todo iba muy bien pero pronto comenzó a haber ligeros roces y reproches en la convivencia, algo que estaba empezando a deteriorar su matrimonio. Así iban pasando los días hasta que, de repente, María vio un anuncio en el periódico que decía: “Claudia López, terapeuta. Especialidad en terapia de pareja. Ayudo a parejas en crisis a través de la liberación de endorfinas. Muy buenos resultados contrastados. Módico precio”.
Al verlo, María se lo dijo a Tom, quien al principio no se lo tomó muy en serio pero pasaron los días y en el matrimonio seguía habiendo caras serias y enfados casi todo el tiempo. Además, la ausencia de sexo era bastante notable. Por ello, decidieron finalmente acudir a la terapeuta.
Una tarde de primavera acudieron a la consulta de Claudia López, un bonito piso muy bien situado en las afueras de la ciudad. Una vez allí, les abrió la puerta una mujer pelirroja, de unos 50 años de aproximadamente, 160 cm de estatura y muy sonriente. Les dijo: “bienvenidos a mi consulta, soy Claudia López, especialista en terapia de pareja. Contadme que es lo que os ocurre y os diré como puedo ayudaros”. María le contestó: “pues verás Claudia, llevamos casados desde hace poco y estamos continuamente discutiendo, además también nuestro apetito sexual ha descendido considerablemente en los últimos días y creemos que eso es un problema”. Tom asintió con la cabeza y agregó: “así es Claudia. No estamos bien y hemos venido aquí para tratar de arreglarlo, aunque sinceramente hemos venido más por ella que por mí, yo soy más reacio y no me terminan de gustar estas cosas”.
Claudia, tras escucharles, les miró y les dijo: “no os preocupéis. Sé cómo ayudaros, pronto estaréis disfrutando y riendo con esta terapia, que dura 1 hora. Seguidme por aquí por favor”. Tom y María se miraron extrañados pues no entendían muy bien qué les estaba queriendo decir Claudia pero la siguieron. Claudia les llevó hasta una habitación donde había una camilla ancha con un agujero en el centro y un kit de esposas para manos y pies en cada extremo de la misma, así como un cuarto de baño junto a ella. De repente, Claudia dijo: “Tom, por favor, ve a la ducha y cuando salgas túmbate en esa cama boca abajo. María y yo jugaremos contigo después para quitarte toda esa tensión y mal humor acumulado”. Tom y María estaban más intrigados aún pero accedieron, pues aunque les parecía todo muy raro realmente querían salvar su matrimonio. Cuando Tom salió de la ducha, se tumbó boca abajo desnudo, sobresaliendo su pene por el agujero y María y Claudia procedieron a atarle de tal modo que su cuerpo quedó en forma de X. A continuación, Claudia le vendó los ojos y le puso tapones en los oídos. Así, vulnerable y expuesto ante su mujer y otra mujer desconocida, Tom empezó a decirse: “no sé lo que me harán, pero espero que merezca la pena. Estoy seguro de que sea lo que sea, lo resistiré. Soy más fuerte que ellas”.
A continuación Claudia le mostró a María una cajita y la abrió ante sus ojos. En ella había un bote de aceite, plumas y cepillos. Cogió el aceite, le dio un poco a María y ambas procedieron a embadurnar el musculado cuerpo de Tom de arriba a abajo. Después Claudia le dijo a María: “ahora vamos a trabajar los puntos sensibles de Tom haciéndole cosquillas durante 30 minutos para que todo su mal humor se marche. Los descubriremos y los trabajaremos juntas”. María sonrió encantada. Tenía a Tom donde quería e iba a vengarse de las malas contestaciones y los malos ratos que le había hecho pasar. Le dijo a Claudia: “yo sé cuáles son sus zonas más sensibles, así que empecemos”. María le indicó a Claudia los costados de Tom, y Claudia empezó a deslizar rápidamente sus dedos por esa zona. Tom se estremeció y apretó los dientes. Tenía muchas cosquillas ahí y comenzaba a sufrir. Al mismo tiempo, María cogió una pluma y empezó a deslizarla muy suavemente por la raja del culo de Tom, que ahora se movía más violentamente y apretaba los puños. Aquello empezaba a ser un suplicio para Tom, que seguía conteniendo la risa a duras penas y a pesar de lo que le estaban haciendo. Pasaron 10 minutos y Tom comenzaba a sudar, se le iban agotando las fuerzas. Claudia le dijo a María: “tu chico es muy duro, otros que han pasado por aquí a los 5 minutos ya estaban suplicando que parase y pidiendo disculpas a sus mujeres por todo lo malo que les han hecho”. María ya sabía que eso iba a ocurrir y le dijo a Claudia: “lo sé, Tom aguanta muchísimo todo. Sin embargo aún no hemos tocado su parte del cuerpo más sensible, sus pies”. Dicho esto, Claudia cogió el cepillo para el pelo que había en la cajita y empezó a frotar suavemente las enormes plantas de los pies de Tom, que calzaba un 45. Tom lo notó enseguida y se le escapó una risilla. Estaba perdido, iban a hacerle cosquillas en los pies. Claudia empezó a frotarle mucho más fuerte y de repente Tom estalló: “JAJAJAJAJAJAJA….. NOOO POR FAVOR”. Claudia le dijo a María: “ahora quítale los tapones de los oídos y empezaremos la parte verbal de la terapia. Dile todo lo que no te gusta de él y pregúntale si te lo volverá a hacer”. María así lo hizo y le dijo a Tom: “cariñito, odio que me reproches que te levanto mucho la voz cuando estamos discutiendo. Me vas a respetar más a partir de ahora?”. Tom seguía riendo a carcajadas por las cosquillas que Claudia le estaba haciendo en la planta de los pies: “JAJAJAJAJA…. DE ACUERDOOOOO, TE RESPETARÉEEEE JEJEJEJEJEJE…. YA NO PUEDO MÁSSSSS JAJAJAJAJA”. María le preguntó: “ah y cuando me vaya de compras con las amigas, no me preguntarás más en qué me he gastado el dinero?”. Tom se retorcía desesperadamente, llevaban 20 minutos haciéndole cosquillas y estaba sudoroso y exhausto: “JAJAJAJA… LO QUE TÚ DIGAS CARIÑITOOOOO… JEJEJEJE…. NO PREGUNTARÉ MÁS, LO JUROOOOO… JAJAJAJAJA”. María se divertía pues por fin tenía a Tom suplicando y pensó para sí que era una afortunada por no estar en el lugar de Tom en ese momento. Habían pasado 25 minutos y Tom ya no podía más. Entre dos chicas habían conseguido que se rindiese, algo que no le gustaba pero sabía que era para lograr mantener el amor de su esposa. De repente Claudia paró la tortura y le dijo a María: “la técnica de las cosquillas es infalible, la experiencia y mi edad me dicen que ni el más duro puede resistirse a ello. Dado que tu chico se ha portado como un caballero, es hora de recompensarle en estos minutos finales de la terapia. Coge el aceite y métete debajo de la camilla”. María así lo hizo y comenzó a embadurnar de aceite el pene sobresaliente de Tom. Empezó a masturbarle lentamente mientras Tom, aún tembloroso por el terrible ataque de cosquillas al que le habían sometido, comenzaba a jadear. María continuó masturbándole cada vez más rápido y Tom ya sólo gemía de placer, completamente entregado al placer. Pasados varios minutos Tom eyaculó en un fortísimo orgasmo sacudiendo violentamente su cuerpo de tal modo que hizo temblar toda la camilla y que a punto estuvo de romper sus ataduras.
Una vez ocurrió esto, Claudia y María procedieron a desatar a Tom y le quitaron la venda de los ojos. Tom, empapado en sudor, se dirigió al cuarto de baño para darse una ducha todavía tocado por la experiencia pero en el fondo relativamente contento. María se sentía muy feliz, su marido ahora iba a ser alguien más amable y mejor persona con ella y no paraba de agradecérselo a Claudia, que sonreía todo el tiempo. Cuando Tom salió de la ducha, ya vestido completamente, María dijo: “muy bien cariñito, te quiero mucho. Ahora vayámonos a casita y preparemos una cena estupenda”. De pronto, Claudia la cortó diciendo: “si recordáis, la duración de la terapia completa es de 1 hora, y sólo han pasado 30 minutos. María, por favor, ve a la ducha y cuando salgas túmbate en esa cama boca abajo. Tom y yo jugaremos contigo después para quitarte toda esa tensión y mal humor acumulado”.
María se quedó petrificada y horrorizada, mientras que Tom sonrió maliciosamente y le dijo: “ahora te toca a ti cariñito. Lo pasaremos muy bien”.
CONTINUARÁ...